Nos comenta Alicia Sacks:
“Me parece
un análisis correctísimo y, especialmente, enfocado en los puntos realmente
pertinentes.
Comparo las situaciones vividas por el Profesor con la época
del Proceso donde pensar diferente era motivo de torturas y muerte, como lo
especifican en la película.
Serán culturas diferentes pero los afectos de ambas son los
mismos.”
En primer lugar gracias por el comentario!!!
Y por la participación.
Y es cierto, la película
impresiona con algo de lo particular propio de cada cultura y algo del
universal: el dolor, el sufrimiento, la muerte, las etapas de la vida. Como decís: los
afectos. El cómo vivenciamos subjetivamente estos procesos independientemente
del atravesamiento cultural.
Por un lado, encontramos resistencia a hablar, a
discernir, a analizar… a considerar los recursos posibles, a la disposición para convocar las defensas
adecuadas. Se nos presenta un polo a considerar: quizá la sensibilidad es mayor
a la que suponíamos o la que la
institución escuela nos muestra con su máscara social de pragmatismo.
Sin embargo, el Señor Lazhar, devenido Profesor, no cae en patologías del acompañamiento como
las complicidades. El cómplice evita el conflicto y abandona al otro a su
suerte. En un vínculo cómplice, el conflicto se soslaya o no interesa afrontarlo y no se lo sostiene. Es
una suerte de abandono activo.
En cambio, pese a su propio dolor, a su propia
existencia traumática, Bachir Lazhar, el hombre, acompaña. Abre la posibilidad
de la palabra, a través de los textos de
Balzac, o de las metáforas de las
fábulas, permite que emerga el valor
sustantivo del relato, con su poder integrador e historizador del trauma.
Esta película nos habla de acompañar. Se acompaña
tanto el júbilo como el dolor de un sujeto, en esos instantes profundos en los
cuales un espejo empático, una mano solidaria… alguien allí es invaluable
mientras respete lo propio. El vínculo en sí puede ser curativo.
Aparece uno de los elementos: el pilar de resiliencia, que apuesta a la posibilidad que contempla el riesgo de
realizar acciones para transformar, en algún sentido, aquellas realidades que
pueden arrasarnos.
Posibilidad solo posible a
través del papel fundamental que posee la calidad de la narrativa y su
construcción con otro. La confianza en otro incrementa la autoconfianza. El
desarrollo resilente tiene como condición necesaria, la imprescindible
existencia de vínculos intersubjetivos.