martes, 18 de junio de 2013

Comentarios...Profesor Lazhar.


Nos comenta Alicia Sacks:

Me parece un análisis correctísimo y, especialmente, enfocado en los puntos realmente pertinentes.
Comparo las situaciones vividas por el Profesor con la época del Proceso donde pensar diferente era motivo de torturas y muerte, como lo especifican en la película.
Serán culturas diferentes pero los afectos de ambas son los mismos.”

En primer lugar gracias por el comentario!!!
Y por la participación.

Y es cierto, la película impresiona con algo de lo particular propio de cada cultura y algo del universal: el dolor, el sufrimiento, la muerte,  las etapas de la vida. Como decís: los afectos. El cómo vivenciamos subjetivamente estos procesos independientemente del atravesamiento cultural.


Por un lado, encontramos resistencia a hablar, a discernir, a analizar… a considerar los recursos posibles,  a la disposición para convocar las defensas adecuadas. Se nos presenta un polo a considerar: quizá la sensibilidad es mayor a la que suponíamos o  la que la institución escuela nos muestra con su máscara social de pragmatismo.

Sin embargo, el Señor Lazhar, devenido Profesor,  no cae en patologías del acompañamiento como las complicidades. El cómplice evita el conflicto y abandona al otro a su suerte. En un vínculo cómplice, el conflicto se soslaya o no  interesa afrontarlo y no se lo sostiene. Es una suerte de abandono activo.
En cambio, pese a su propio dolor, a su propia existencia traumática, Bachir Lazhar, el hombre, acompaña. Abre la posibilidad de la palabra, a través de  los textos de Balzac,  o de las metáforas de las fábulas, permite que  emerga el valor sustantivo del relato, con su poder integrador e historizador del trauma.

Esta película nos habla de acompañar. Se acompaña tanto el júbilo como el dolor de un sujeto, en esos instantes profundos en los cuales un espejo empático, una mano solidaria… alguien allí es invaluable mientras respete lo propio. El vínculo en sí puede ser curativo.

Aparece uno de los elementos: el  pilar de resiliencia, que apuesta a la  posibilidad que contempla el riesgo de realizar acciones para transformar, en algún sentido, aquellas realidades que pueden arrasarnos.
Posibilidad solo posible a través del papel fundamental que posee la calidad de la narrativa y su construcción con otro. La confianza en otro incrementa la autoconfianza. El desarrollo resilente tiene como condición necesaria, la imprescindible existencia de vínculos intersubjetivos.