lunes, 19 de noviembre de 2012

Fragmentos... Un Cuento Chino, en APAL


El inicio del planteo argumental es a la vez trágico y divertido, nos impresiona  surrealista: En China, en un lago pacífico, conducente a las declaraciones de amor eterno, una pareja  pasea en un barco. Del cielo cae una vaca de lleno sobre la novia y la mata. El novio viaja a  la Argentina en busca de su tío y  “cae” junto a Roberto,   un ferretero hosco y rutinario,  pero persona de bien, que intenta ayudarlo a salir de la situación de desamparo en que lo deja  un taxista sin escrúpulos. Los dos hombres se conocen  mientras que ninguno habla el idioma del otro.
A partir de esta desafortunada caída bovina, Sebastián Borensztein desarrolla un escenario de intensa riqueza, mientras dibuja con delicadeza un retrato de los dos personajes principales. Dos pueblos se nos presentan  a través de ellos: el oriental, un poco distante, respetuoso pero en guardia y el argentino, correcto, pero exuberante.
Sin caer en clichés, Borensztein ofrece principalmente la semblanza de hombres con la soledad común, como eje de vida.  Roberto que compra regalos para su difunta madre, Jun que viaja a la otra parte del mundo en busca de su tío, un patriarca, un padre hipotético.

También podría decirse que es la historia de dos hombres, un argentino y un chino cuyas tragedias se cruzan aquí en Buenos Aires, y de ese cruce resulta un vínculo clave donde se engarzan lo traumático, lo vulnerable y lo resiliente en la vida de ambos.

Un Cuento Chino es una historia universal, pero a la vez muy argentina. Universal porque habla de las cosas que nos angustian y duelen en el alma, el desamparo, el abandono, la identidad, la familia, el lenguaje. Elementos  que no tienen nacionalidad ni tiempo. Inherentes al ser humano, que todos compartimos; no hacen falta signos para decodificar unos ojos llenos de lágrimas, un abrazo, un apretón de manos, un golpe en la espalda o un ceño fruncido. Y muy argentina a la vez, porque nos presenta  una historia simple,  un personaje próximo, que puede ser cualquier vecino, tildado, bloqueado, detenido en el tiempo y que hacia el final se descubre como excombatiente de Malvinas.

Mirada que, ciertamente  aparece sobre el final, en un  film que otorga  referencias de lo traumático de Roberto a lo largo de toda la película. Sutilezas, detalles…el personaje vive en un tiempo detenido que  muestra la cotidianeidad de hace exactamente tres décadas: su auto, sus paseos, su ritmo de vida, su teléfono. Juegos de palabras como cuando el protagonista, ferretero, se enoja porque quieren saldar un juego de tornillos con un juego de llaves “inglesas”. El llamado “conflicto” de Malvinas, roza así  la memoria colectiva, que en 2011 aparece erosionada, ya que el tema se tornó lejano, como las islas…
  


1 comentario:

  1. Parte del Equipo del Curso de Cine, Salud Mental y Educación, de APSA: Dres. Hugo Carroll y Adolfo Panelo, Lic. Juliana Córdoba, Lic. Adriana Delego. Invitado especialmente: Ignacio Huang, co-protagonista de Un Cuento Chino.

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