El
inicio del planteo argumental es a la vez trágico y divertido, nos
impresiona surrealista: En China, en un lago pacífico, conducente a
las declaraciones de amor eterno, una pareja pasea en un barco. Del
cielo cae una vaca de lleno sobre la novia y la mata. El novio viaja a la
Argentina en busca de su tío y “cae” junto a Roberto, un
ferretero hosco y rutinario, pero persona de bien, que intenta
ayudarlo a salir de la situación de desamparo en que lo deja un
taxista sin escrúpulos. Los dos hombres se conocen mientras que
ninguno habla el idioma del otro.
A partir de
esta desafortunada caída bovina, Sebastián Borensztein desarrolla un escenario
de intensa riqueza, mientras dibuja con delicadeza un retrato de los dos
personajes principales. Dos pueblos se nos presentan a través de
ellos: el oriental, un poco distante, respetuoso pero en guardia y el
argentino, correcto, pero exuberante.
Sin caer en
clichés, Borensztein ofrece principalmente la semblanza de hombres con la
soledad común, como eje de vida. Roberto que compra regalos para su
difunta madre, Jun que viaja a la otra parte del mundo en busca de su tío, un
patriarca, un padre hipotético.
También
podría decirse que es la historia de dos hombres, un argentino y un chino cuyas
tragedias se cruzan aquí en Buenos Aires, y de ese cruce resulta un vínculo
clave donde se engarzan lo traumático, lo vulnerable y lo resiliente en
la vida de ambos.
Un Cuento
Chino es una historia universal, pero a la vez muy argentina. Universal porque
habla de las cosas que nos angustian y duelen en el alma, el desamparo, el
abandono, la identidad, la familia, el lenguaje. Elementos que no
tienen nacionalidad ni tiempo. Inherentes al ser humano, que todos compartimos;
no hacen falta signos para decodificar unos ojos llenos de lágrimas, un abrazo,
un apretón de manos, un golpe en la espalda o un ceño fruncido. Y muy argentina
a la vez, porque nos presenta una historia simple, un
personaje próximo, que puede ser cualquier vecino, tildado, bloqueado, detenido
en el tiempo y que hacia el final se descubre como excombatiente de Malvinas.
Mirada que,
ciertamente aparece sobre el final, en un film que
otorga referencias de lo traumático de Roberto a lo largo de toda la
película. Sutilezas, detalles…el personaje vive en un tiempo detenido que muestra
la cotidianeidad de hace exactamente tres décadas: su auto, sus paseos, su
ritmo de vida, su teléfono. Juegos de palabras como cuando el protagonista,
ferretero, se enoja porque quieren saldar un juego de tornillos con un juego de
llaves “inglesas”. El llamado “conflicto” de Malvinas, roza así la
memoria colectiva, que en 2011 aparece erosionada, ya que el tema se tornó
lejano, como las islas…

Parte del Equipo del Curso de Cine, Salud Mental y Educación, de APSA: Dres. Hugo Carroll y Adolfo Panelo, Lic. Juliana Córdoba, Lic. Adriana Delego. Invitado especialmente: Ignacio Huang, co-protagonista de Un Cuento Chino.
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